Shinkaleros Folklore en Mercadito Latino


Shinkaleros
Chacarera Montera y Salvaje

Viernes 21 de abril de 2017
21 h

Anticipo de canciones
de su trabajo musical #FuegoEncedido.

Contacto: 223 155 904777
@ShinkalerosFolklore

Mercadito Latino
Mario Bravo 1501
Mar del Plata

SHINKALEROS, toma su nombre de dos referentes. Por un lado, existe la Shilka o Chilka, planta originaria de la zona de Chapadmalal, de donde es la banda, y que crece también en diversos lugares de América. Por otro, el Shinkal del río Quimivil, en Catamarca, ofrece a la banda un norte conceptual. El Shinkal, la ruina de la ciudad Inca más austral, deparó para Marcelo Lorenzoni durante años un destino de viaje y conocimiento. Esta práctica fue luego transmitida a la banda, siendo frecuente, en medio de giras o investigaciones, llegar al Shinkal, y ser recibidos por sus guardianes originarios como en casa. Shinkaleros, son, entonces, quienes caminan al Shinkal, o quienes caminan en Chilkas.

El Grupo se forma en el 2010, bajo el esfuerzo notable de Marcelo Lorenzoni, guitarra y voz, personaje carismático, portador del fundamental elemento esotérico del grupo. Marcelo viene del rock. Marcelo es rock, es Beatles, es García. Pero su Ser se redescubre, sin traicionarse, cuando le llega el quichua. Es él quien, utilizando esa lengua, va a continuar el camino de Sixto Palavecino (y otros pocos) para nutrir a la música de poder sonoro americano. Docente de quichua y artesano de la palabra, Marcelo Lorenzoni es, a la vez, fundador y Alma Madre de la banda.

Guillermo Sampayo, el “jedy”, ingresa a la formación de Shinkaleros poco después como guitarrista y cantor, y viene a dar en el clavo en la cuestión al traer al grupo el elemento de la sabiduría rural, temática recurrente en el folklore tradicional y que no podía eludirse al forjar una banda que partiera del folklore. El jedy es soguero, criador y domador de caballos. Un hombre compañero y padre de pequeñas mujeres, ejemplos de libertad y austeridad en un mundo de poses, princesas y caretas. Su ejecución es limpia, ya que su manera de templar creció regada bajo la sombra de Yupanqui. Cada vez que el grupo tiene que salir de noche de la Pampa a buscar su sonido, es la linterna de Guillermo Sampayo quien alumbra al resto.

Charlie Serra llega en 2011, un año después, como ilustrador. Luego de unos breves trabajos gráficos para la banda, por tener un violín en su casa, se hicieron inevitables la reunión y la zapada. En un mes ya había fechas para cubrir, y de ahí hasta entonces, no se paró más. Charlie, dibujante, gamer y lector de literatura fantástica, viene a recuperar y crear un aspecto que - ¿podría haber tenido? – el arte de que las guerras y las mutaciones políticas lo convirtieran en una propaganda del monoteísmo y de las modas burguesas. El sonido de su violín hace pensar que las vejaciones del hombre frente al poder y las inclemencias, son andinas, son pampeanas, son celtas, son germanas.

Walter Páez, es el más nuevo de la banda, el más joven, el adolescente. ¿Qué decir de este chico, además de que toca perfecto? Es corto aún el vuelo de la flecha de sus días: a esa edad. Se suelen llenar con expresión pura los intersticios que luego llenan la disciplina, la frustración y la nostalgia. Walter es uno de esos músicos a los que no hay que decirles nada, solo alcanzarles una banqueta y dejarlos tocar, recordándoles con exactitud, la hora del show.

Shinkaleros es un agente de transformación social y un grupo humano que rescata sonidos Originarios, de América, de Europa o de cualquier espacio que haya sido testigo de los conflictos de la vida humana en la Tierra.

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